Cuatro clubes sevillanos lucen esta temporada la denominación Fundación Cajasol, en una alianza que no quiere ser un simple patrocinio, sino un compromiso de acompañamiento, crecimiento y comunidad.

Durante el último cuatrimestre del año, el patio de la Fundación Cajasol fue el espacio de uno de los momentos más importantes del año, la consagración de la apuesta de la Entidad por el deporte local. Por primera vez, cuatro clubes que representan la diversidad y el talento del deporte sevillano: balonmano, baloncesto femenino, voleibol y rugby llevarán esta temporada el nombre de la Fundación Cajasol, en una alianza que no se concibe como un patrocinio, sino como un acompañamiento integral, un camino conjunto hacia proyectos más sólidos, más estables y más conectados con la comunidad.

Durante la presentación oficial, el presidente de la Fundación Cajasol, Antonio Pulido, quiso poner palabras a lo que para la Fundación significa este paso: apoyar al deporte no como un adorno institucional, sino como una herramienta transformadora. Del mismo modo, reivindicó el valor educativo, la capacidad de integración y el impacto emocional que los clubes generan en la ciudad. Y lo dijo claramente: “Este impulso no es para colocar un nombre en una camiseta, sino para caminar hombro con hombro con quienes construyen futuro desde el esfuerzo y el compromiso diario”.

Tras el acto, entrevistamos a los presidentes de los clubes para que dieran su opinión sobre este hecho tan relevante, así como del estado de sus instituciones deportivas en este 2025. La necesidad de estabilidad, la importancia de la base, la ilusión por consolidar proyectos que trasciendan el resultado deportivo y la gratitud por un apoyo que, según todos, llega en el momento preciso, fueron algunos de los puntos claves que señalaron.

Así, el presidente del Cajasol Sevilla Proin de balonmano, Juan Ramón Jordán, fue el primero en tomar la palabra. Explicó que el apoyo de la Fundación ha supuesto “un respiro profundo” para un club inmerso en un proyecto ambicioso: ascender a la Liga Asobal, máxima categoría del balonmano en España. Para él, la colaboración llega en un punto clave de madurez y crecimiento, reflejado en cifras que impresionan: casi 400 niños que se federarán la próxima temporada, fruto de un trabajo de cantera que crece en escuelas, colegios y barrios. Su mensaje no hablaba sólo de balonmano: hablaba de tejido social, de pertenencia, de futuro.

En el caso del rugby, Rafael Montserrat de la Paz aportó una mirada cargada de memoria y proyección. Recordó la época dorada del Monte Ciencias en los años 90, cuando el club lo ganó todo, y subrayó que llevar ahora el nombre de Fundación Cajasol significa reforzar ese legado y dotarlo de estabilidad. Para el Cajasol Real Ciencias Sevilla, esta alianza no es sólo estratégica: es emocional. Les permite profesionalizar estructuras, mejorar recursos y sostener un nivel competitivo acorde con su historia. Pero, sobre todo, les permite soñar con nuevas páginas históricas. También destacó que el crecimiento en federados, especialmente en categorías base, es uno de los indicadores más valiosos para el club, reflejo de que el rugby empieza a tener un arraigo real en la ciudad.

La presidenta del Baloncesto Sevilla Femenino, Susana Otero, incorporó al relato una dimensión social imprescindible. Explicó que en el deporte femenino “todavía se está un paso atrás en muchas parcelas”, y que la alianza con la Fundación supone un empuje simbólico y real. Tras el ascenso a Liga Challenge, su club vive un momento clave, pero el objetivo inmediato no es solo competir: es construir un modelo de ciudad. Otero quiere que las jugadoras de Sevilla y Andalucía tengan aquí su casa deportiva, sin necesidad de emigrar para competir al máximo nivel. Su apuesta es un proyecto que dé identidad, estabilidad y referentes a miles de niñas que cada año llenan su escuela deportiva y sus categorías inferiores.

Por su parte, el presidente del equipo de voleibol, Martos Manuel Galán, completó el retrato coral desde la perspectiva de quien lleva veinte años construyendo un proyecto deportivo gracias al apoyo de la Fundación. Para él, la colaboración es un pilar esencial: no sólo aporta recursos, sino estabilidad, confianza y la posibilidad real de competir en la élite nacional y europea. Subrayó que la profesionalización del club, su estructura técnica y su modelo de cantera, cada vez más amplio y exigente, son fruto directo de esta alianza. Hizo hincapié en un detalle crucial: el impacto social que generan en las cientos de niñas que practican voleibol bajo su tutela, un trabajo silencioso pero decisivo que se alimenta de valores, hábitos saludables e igualdad.

A medida que intervinieron, los cuatro presidentes parecían completarse unos a otros, como si sus clubes fueran piezas diferentes de un mismo mapa deportivo. Todos coincidieron en un punto: la base lo es todo. Jordán habló de la Academia que une a niños de toda Sevilla; Otero, de los acuerdos con colegios y del crecimiento imparable de su escuela; Galán, de la conexión con centros educativos y del valor formativo de sus jugadores; Montserrat, de la importancia de crear entornos seguros y motivadores donde los jóvenes puedan crecer como deportistas y como personas. Sus discursos dibujaron un escenario donde el deporte no es solo competición: es cultura, educación y comunidad.

En el terreno deportivo, sus objetivos también convergen: crecer de forma sostenible, competir al máximo nivel y construir estructuras sólidas que resistan los altibajos. La presidenta del equipo femenino de basket, Susana Otero, aspira a llevar a Sevilla a la élite del baloncesto español; Galán, presidente del club de voley, quiere mantener al voleibol andaluz entre los mejores y seguir compitiendo en Europa; Jordán trabaja para llevar a su club a Asobal y consolidar una cantera fuerte; mientras que Montserrat sueña con devolver al rugby sevillano a la pelea por los títulos nacionales de manera estable. Sus metas son distintas, pero su espíritu es el mismo: construir proyectos que perduren.

Ese horizonte común encuentra su refrendo en las palabras de Antonio Pulido, quien insistió en que la Fundación Cajasol quiere estar siempre, “no solo cuando se gana” y que esta alianza no es entre entidades, sino entre deportistas, familias y ciudad.

Y quizá ahí estuvo la clave del acto: en la certeza de que lo que se presentó no fue solo una temporada, sino un compromiso social. Un proyecto coral donde cuatro clubes que representan diferentes sensibilidades deportivas comparten un mismo nombre y una misma visión: construir, desde el deporte, una Sevilla más fuerte, más igualitaria y más unida.

Porque, al final, lo que sucedió en el patio de la Fundación no fue la foto de un patrocinio. Fue el inicio de una historia colectiva: la de una ciudad que cree en su gente, en su talento y en el poder transformador del deporte.

Natalia Palomino

Revista Fundación. Nuestra razón de ser. Nº23