Tras las tres entregas anteriores sobre “Gastar con conciencia”, me quedaría con esta idea:

“Gastar en lo que amo y recortar en lo que no me importa”

Esa frase se entiende si lo que amo, por ejemplo, es a mi familia, gasto en una hipoteca para tener un hogar, gasto en la educación de mis hijos o creo un fondo para que, cuando me jubile, siga manteniendo el nivel de vida para mí y los míos.

Puede parecer una frase simple, pero tiene un enorme poder, porque será lo que motive mis salidas de dinero: gastar con sentido. Gastar conscientemente.

¿Cómo ponerla en práctica?

1: descubrir qué es importante para mí

Tengo que responderme a esta pregunta: “¿Qué me hace realmente feliz?”

Puede ser:

  • Viajar
  • Estar con mi familia
  • Aprender
  • Tener seguridad económica

No hay respuestas correctas o incorrectas.

2: hacer que mi dinero refleje eso

El problema es que muchas veces mis gastos no tienen nada que ver con lo que quiero, porque suelo gastar por hábito, no por decisión. El gasto consciente propone lo contrario: alinear mi dinero con mi vida.

Para entenderlo mejor: Una persona puede gastar mucho en viajes y gastar menos en otras cosas como en el coche, usa un utilitario con la potencia justa o gasta menos en tecnología, su teléfono móvil no es de alta gama, solo necesita uno que le permita llamar y ser llamado, por voz o mensajes, y hacer fotos, claro.

Otra persona puede invertir en hobbies y reducir el gasto en ocio superficial, tiene pocas salidas con los amigos y no va al cine.

Ambas decisiones son correctas si están alineadas con sus prioridades vitales.

En todo caso el efecto más importante es la tranquilidad. Cuando mi dinero está alineado con lo que valoro:

  • La sensación de culpa al gastar en ello es menor
  • Tengo muy claro lo que quiero
  • El estrés financiero es menor

La tranquilidad por encima de todo

Si lo que valoro de verdad es mi tranquilidad, una de las mejores decisiones que puedo tomar es ahorrar. Siempre ahorrar, automatizándolo si es posible.

  • Primero ahorro
  • Después gasto

Si lo hago automáticamente a través de una transferencia periódica, por ejemplo, me será más fácil, no dependerá de mi fuerza de voluntad.

En resumen

No se trata de vivir peor, se trata de vivir bien con lo que tengo. Gastar con conciencia es elegir, no recortar por obligación; priorizar, no eliminar. Es construir una vida que tenga sentido también desde lo financiero.

Gastar con conciencia no es una moda. Es una forma de tener una mejor relación con el dinero. No se trata de cuánto gano; sino de cómo usar lo que gano.

En tiempos de inflación, esta forma de actuar es una extraordinaria forma de sobrellevar este tiempo.