Los ropones de terciopelo rojo y el paño azul que acompañó durante décadas las sesiones plenarias de la Diputación Provincial de Huelva han recobrado el brillo de sus bordados en hilo de oro gracias a la segunda fase del convenio de colaboración suscrito con la Fundación Cajasol. Las tres piezas, confeccionadas hace más de ciento treinta años, se presentaron este viernes tras pasar por el taller de la artesana bordadora Dolores Fernández.

A la presentación acudieron el presidente de la Diputación, David Toscano, los diputados provinciales Gracia Baquero y José Carlos Roda, la delegada de la Fundación Cajasol en Huelva, Matilde Valdivia, y la propia responsable de la actuación. Valdivia subrayó el compromiso de la entidad con la protección del patrimonio histórico que comparte con la corporación onubense, puesto que ambas mantienen una vinculación estrecha desde los orígenes de la Fundación Cajasol.

A juicio de la delegada, salvaguardar ese legado supone rescatar una parte esencial de la memoria provincial y sostener, al mismo tiempo, la actividad de los talleres artesanos especializados en bordado y restauración.

Toscano recordó que los enseres se elaboraron cuando la institución provincial, superadas las dificultades económicas de sus primeros años, decidió dotarse de elementos que reforzaran su imagen con motivo del IV Centenario del Descubrimiento de América, celebrado en 1892.

«Los trajes de maceros y el paño del Salón de Plenos son mucho más que elementos del protocolo. Nos hablan de la historia de esta casa, de cómo la Diputación ha representado a la provincia a lo largo del tiempo y de la importancia de conservar también esos símbolos que forman parte de nuestra identidad», señaló el presidente provincial, quien atribuyó a los bordados un valor simbólico que desborda su función ceremonial.

Agradeció después la implicación de la Fundación Cajasol en la salvaguarda de los bienes históricos de la corporación y felicitó a Dolores Fernández y a su equipo por «un trabajo realizado con enorme profesionalidad, sensibilidad y respeto hacia unas piezas que forman parte del legado de todos los onubenses».

La bordadora calificó de «un enorme privilegio» trabajar sobre unos objetos de semejante valor artístico. «Sabíamos que teníamos entre manos auténticas obras de arte y parte de la historia de Huelva», afirmó, y puso en valor la labor del equipo multidisciplinar que firmó la intervención.

Una actuación respetuosa con las piezas originales

Los dos conjuntos de macero, en terciopelo de seda rojo, presentan un elaborado programa ornamental bordado en hilo de oro donde sobresale el escudo provincial situado en el frontal de cada ropón. El tratamiento consistió en la limpieza individualizada de cada elemento, la consolidación de las zonas deterioradas y el traspaso de los bordados originales a un terciopelo nuevo, tejido expresamente con las mismas características que el primitivo, de modo que el diseño, los materiales y las técnicas tradicionales se mantuvieron intactos.

El paño de mesa, confeccionado en terciopelo azul y presidido por el escudo de la provincia bordado en hilos de oro y tisú, acumulaba el desgaste propio del uso continuado. Como el tejido mantenía una calidad notable, la restauración pudo respetar el soporte original mediante una limpieza integral, el refuerzo de los motivos y la reposición de aquellos componentes imprescindibles para asegurar su permanencia.

La dirección técnica incluyó un estudio previo pormenorizado del estado de cada objeto, además de su documentación gráfica y fotográfica, requisito indispensable para que el proceso resultara riguroso con su valor histórico.

Los maceros, símbolo de la representación institucional

Los maceros constituyen una tradición centenaria ligada a las instituciones públicas. En origen eran los funcionarios encargados de abrir paso a las autoridades y de portar las mazas ceremoniales como emblema de la potestad que representaban, aunque su cometido evolucionó con el tiempo hasta convertirse en una figura característica de los actos oficiales, de manera que hoy pertenecen al acervo protocolario de numerosas corporaciones.

La primera etapa del convenio ya había permitido recuperar esas mazas y su mástil, con lo que la colaboración entre la Fundación Cajasol y la Diputación de Huelva alcanza su segundo capítulo sobre un conjunto de bienes que, más allá del protocolo, funcionan como testimonio material de la historia de la provincia.