Jorge Luis Borges nunca ocultó su filiación andaluza. Sevilla le dio sus primeros amigos poetas y la ocasión de publicar un poema en 1919; en torno a Córdoba escribió uno de sus relatos más célebres, La busca de Averroes; y a su última visita a Granada, en 1976, debe el poema Alhambra, inscrito hoy en los jardines del Generalife. La escritora Claudia Capel reunió esa cartografía sentimental en la conferencia Borges y Andalucía, sesión inaugural del ciclo Borges, una forma de felicidad, con el que la Fundación Cajasol rinde homenaje al autor argentino en el 40º aniversario de su muerte y que en su primera semana ha llevado la apertura, sucesivamente, a las sedes de Sevilla (martes 2 de junio), Córdoba (miércoles 3) y Cádiz (jueves 4).

Capel reconstruyó un itinerario que arranca a finales de 1919, cuando la familia Borges, procedente de Suiza, se instaló en Sevilla y el joven Jorge Luis vio publicado por primera vez un poema, Himno del mar, en la revista Grecia. Aquella pieza, fechada el 31 de diciembre de 1919 y dedicada al poeta sevillano Adriano del Valle, lo situó en el corazón del movimiento ultraísta que orbitaba en torno a Rafael Cansinos Asens, a quien el escritor consideró su maestro hasta el final de sus días. «He hecho aquí algunos amigos, unos tipos muy amables, poetas ultraístas, y con ellos mucho de noctámbulos», llegó a anotar el autor en aquellos meses, en los que describió un amanecer «que se abría en una tormenta de luz sobre el Guadalquivir«.

En ese mismo recorrido aparece Nora Borges, pintora y hermana del escritor, cuya conexión con Andalucía resultó decisiva: durante el paso de la familia por Córdoba en 1920, insistió en visitar el estudio de Julio Romero de Torres y, tras trasladarse a Madrid, llegó a matricularse como alumna del pintor cordobés en la Academia de San Fernando. Capel apuntó además una coincidencia oportuna para el ciclo, ya que en 2026 se cumple el 900 aniversario del nacimiento de Averroes, el filósofo cuya figura sostiene La busca de Averroes, el cuento que Borges dedicó precisamente a la ciudad cordobesa.

La intervención dedicó un tramo significativo a la conexión gaditana del autor, que Capel sitúa en la figura del escritor Fernando Quiñones. Borges nunca visitó Cádiz, pero a mediados de los años cincuenta el joven Quiñones, en pleno servicio militar como infante de marina, compró por dos pesetas un ejemplar de Ficciones en un mercadillo y se hizo borgeano. Años más tarde, en 1960, ganó un premio literario convocado por el diario La Nación de Buenos Aires cuyo jurado presidía el propio Borges, que advirtió en sus textos «un español y aún un andaluz». Aquella amistad se prolongó durante veinticinco años y selló el vínculo del autor con la provincia, aun sin haber pisado nunca su suelo.

De una de las frases más célebres del autor procede el nombre del ciclo, como subrayó Capel: «Un libro tiene que ser una forma de felicidad». Esa convicción, heredada del consejo paterno de buscar en la lectura el placer antes que el deber, se incorporó pronto a los principios estéticos de Borges y da nombre, asimismo, al ensayo que la escritora ha publicado sobre el autor argentino, vinculado al programa que ahora coordina.

Tras la consagración internacional, Borges regresó a Sevilla en 1984 para el Seminario de Literatura Fantástica organizado por la Universidad Menéndez Pelayo, una cita que reunió a Italo Calvino y a Gonzalo Torrente Ballester, con quien protagonizó el conocido intercambio de bastones que las fotografías recogieron en la terraza del Hotel Doña María. Aquel encuentro dejó en la memoria sevillana, como relató Capel, el testimonio de varios asistentes que aún recuerdan haber escuchado al escritor en Los Venerables siendo adolescentes.

A Granada volvió por última vez en 1976 acompañado de María Kodama, ya completamente ciego, en una visita en la que, según evocó la conferenciante, terminó por confesar a su compañera que no vería nada de la Alhambra. El recorrido se resolvió en una experiencia sensorial entre los perfumes, el tacto de las columnas y el rumor del agua, y dio origen al poema Alhambra, hoy inscrito en un muro de mármol con letras plateadas a la entrada de los jardines del Generalife.

El ciclo Borges, una forma de felicidad prosigue durante el mes de junio con sesiones del Club de Lectura y dos conferencias adicionales, que se desarrollarán los martes a las 19.00 h en la Sala Salvador de la Fundación Cajasol en Sevilla (calle Álvarez Quintero, s/n), los miércoles a la misma hora en la sede cordobesa de Ronda de los Tejares, 32, y los jueves a las 18.30 h en la Plaza San Antonio, 14, de Cádiz. Todas las sesiones se ofrecen con entrada libre hasta completar aforo.