La jubilación siempre me ha parecido lejana… hasta que me llegó, y entonces pesa cada decisión que tomé años atrás o que no tomé, que puede ser peor.

Cuando llega ese momento, para mantener mi nivel de vida, normalmente, me hará falta entre un 70% y un 90% de los ingresos previos a jubilarme. Es decir, que una jubilación cómoda me va a requerir complementar la pensión pública que me corresponda, que seguramente no va a llegar a esos niveles de renta, y la forma de complementarla es con más dinero y si no lo he ahorrado antes lo llevaré mal. Es un ahorro a largo plazo que debo realizar durante mi vida laboral. Mucho tiempo para tomar decisiones sobre cómo complementar mi pensión.

El informe Consumer Finance Risk Monitor 2026 (OCDE) destaca los principales problemas relacionados con las pensiones de los ciudadanos, como información insuficiente, asesoría débil, errores al cambiar de plan, retiros anticipados o la presión demográfica. A pesar de todo esto la clave es entender qué tengo, cuánto aporto y qué recibiré al jubilarme.

Los problemas clave:

Muy relacionado con la falta de educación financiera de los ciudadanos, que desconocen las proyecciones reales de su pensión pública o las condiciones de sus planes privados. La complejidad normativa también dificulta entender cuánto debo ahorrar para mantener mi nivel de vida al jubilarme.

  • Asesoría débil:

Cuando no cuento con un asesoramiento financiero imparcial. No debería confiar en opciones predeterminadas de los proveedores de planes privados que a menudo no maximizan la rentabilidad, resultando en pérdidas de valor en momentos cercanos a la jubilación.

  • Errores al cambiar de plan o fondo:

Las decisiones apresuradas de traspaso de fondos sin entender el perfil de riesgo pueden llevarme a pérdidas de capital. También el no considerar las comisiones y la fiscalidad puede resultar nefasto para mi fondo privado.

  • Retiros anticipados:

Solicitar la jubilación antes de la edad legal, o realizar rescates de planes de pensiones para cubrir necesidades inmediatas, provoca penalizaciones significativas en la cuantía de la pensión, dejando una reducción de ingresos vitalicia (con recortes que aumentan según los años anticipados).

  • Insostenibilidad demográfica:

La generación baby boomer (los nacidos entre 1960 y 1975) se jubila, presionando un sistema de reparto donde hay menos trabajadores aportando por cada jubilado (en España, la proporción es de menos de 2 a 1).

  • Caída en la Tasa de Sustitución: Se espera que las pensiones futuras sean menores en relación con el último salario recibido, lo que convierte en un problema la dependencia exclusiva del sistema público.

Impacto: Estos problemas pueden provocar que el ahorro acumulado sea insuficiente, obligándome a reducir mi nivel de vida en la jubilación o a depender de instrumentos de ahorro complementario que no siempre sé gestionar correctamente.

Mi plan básico de tranquilidad:

  • Revisar anualmente mi plan o situación previsional (pública/privada), hasta dónde me va a alcanzar cada uno.
  • Pedir simulaciones: ¿cuánto cobraré según distintas aportaciones?
  • Evitar retirar fondos, salvo emergencia real: el perjuicio futuro suele ser grande.
  • Ante decisiones importantes (cambiar de plan, elegir modalidad de cobro), debo pedir explicación sencilla y por escrito.

Planificar mi jubilación es cuidar de mi “yo” futuro. Cada pequeño paso sostenido cuenta.