La sede de la Fundación Cajasol en Córdoba ha acogido este Miércoles de Pasión la Exaltación Cofrade que ha pronunciado el periodista y cofrade de la capital, Blas Jesús Muñoz, acto que se enmarca en el ciclo Tramos de Cuaresma que dicha Fundación desarrolla durante este tiempo previo a la celebración de la Semana Santa en todo el territorio andaluz.

El acto, coordinado y presentado por el periodista Álvaro Pineda, ha contado asimismo con la brillante participación de la Asociación Músico Cultural Ntro. P. Jesús Caído y Ntra. Sra. de la Fuensanta que ha interpretado fragmentos de las marchas Requiem, Nazareno de la Salud, Al Señor de San Agustín para finalizar con Y se hizo el silencio.

Muñoz ha recorrido la Semana Santa de la ciudad a través de los diversos apartados que le dan forma, abordando en primer lugar a las hermandades que la sustentan como el alfa y omega de la piedad popular: “Cofradías es el término que lo engloba todo; la vida que renace cada primavera; la ilusión de cada Domingo de Ramos, cuando renace mientras pensabas que ya no volvería jamás; la mirada que no le puedes sostener al Cristo de las Penas, mientras Javier Romero da la penúltima orden”.

El exaltador ha querido, a su vez, dar relieve a la figura central de las hermandades que no es otra que la del nazareno, que “no es una elección ni una dicotomía. Ser nazareno es una decisión, tan íntima como aquella primera vez en que probaste el sabor distinto de la otra piel, la que te hace abandonarte de ti, la misma que te eleva a lo mejor que quieres ser”.

La Semana Santa que se vive en las calles, la del costalero, el capataz y la del músico han dado paso a un tramo final en el que ha reconocido el valor sustancial para las cofradías cordobesas de algunos cofrades y de quienes se acercan a ellas en busca de Dios o a través de la Virgen.

Así ha llegado a un final emocionante, en el que han brotado los versos a la Virgen de la Caridad: “Fuiste tiniebla y luz, //amor y dolor a un tiempo. // Fuiste toda mi semana santa, y // mientras cada uno te daba uno, yo sigo susurrando el tuyo, // tu nombre, el de mi semana santa, // la del devoto que teme mancillar con su voz tu nombre, // madre, mujer, virgen, todo: // Caridad”.