José Luis Sanz se confiesa en Diálogos de Cuaresma: fe, familia, silencios y los retos de la Sevilla que viene
febrero 19, 2026 | Antonio Pulido, Tramos de CuaresmaFe, familia, silencios buscados y los grandes retos que afronta Sevilla. Todo eso, y mucho más, afloró este jueves en una nueva edición de Diálogos de Cuaresma, la tertulia que cada año sienta a un gran protagonista de la vida sevillana frente al periodista Carlos Navarro Antolín dentro del ciclo Tramos de Cuaresma de la Fundación Cajasol en Sevilla. El invitado de esta ocasión, el alcalde José Luis Sanz, no defraudó las expectativas de un salón repleto de público que asistió a una hora de conversación sin guion, donde lo cofrade y lo personal se entrelazaron con asuntos de plena actualidad para la ciudad.
Al acto asistieron, entre otras autoridades, el consejero de Industria, Energía y Minas de la Junta de Andalucía, Jorge Paradela; el presidente de la Fundación Cajasol, Antonio Pulido; el delegado de Fiestas Mayores y presidente del Pleno del Ayuntamiento de Sevilla, Manuel Alés; y el presidente del Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla, Francisco Vélez.
La periodista Charo Padilla fue la encargada de abrir la velada con una semblanza minuciosa y cercana del invitado. Describió al regidor como «un trabajador incansable» con «una capacidad de trabajo brutal» al que «no le tiembla el pulso a la hora de tomar decisiones», y recuperó una frase que Sanz repite con insistencia: «La suerte no viene sola». Padilla trazó el retrato de un hombre familiar, hermano de San Isidoro y de La Candelaria, aficionado a recorrer las obras de la ciudad en moto los fines de semana y que, antes de que la Alcaldía le robara el tiempo libre, se ponía el delantal para cocinar arroces heredados de la tradición familiar.
Navarro Antolín, subdirector de Diario de Sevilla, arrancó la charla por el terreno más íntimo: el silencio y la fe. «Yo soy más de esa Semana Santa recogida y más de silencio», confesó el alcalde, que reconoció que cada vez resulta más difícil encontrar esos rincones de recogimiento, aunque matizó enseguida: «Se encuentra, hay que ir a buscarla». Sanz se definió como cofrade de calle antes que de balcón —»a mí me gusta estar en la calle y callado»—, con una única excepción que provocó sonrisas entre el público: el balcón de Robles, desde donde contempla la entrada de San Isidoro y, sobre todo, al Señor de las Tres Caídas.
Cuando la conversación se detuvo ante el Gran Poder, el tono del alcalde cambió por completo. «Creo que no hay otra imagen en el mundo», afirmó con convicción. Desveló que ante el Señor de San Lorenzo siempre pide lo mismo: que Dios proteja a sus hijos y los lleve por el buen camino. «A veces basta con mirarlo y quedarse callado delante», añadió.
La Semana Santa de hoy, con sus multitudes y sus tensiones, ocupó un tramo extenso de la tertulia. Sanz enmarcó el fenómeno en un contexto global pospandemia: «La gente decidió que lo más importante era vivir y aprovechar un poquito lo que nos quede», y señaló que no es el sevillano quien altera la dinámica de la bulla, sino el visitante que desconoce sus códigos: «El señor que viene de Pamplona y va con el Google Maps en la calle Mateo Gago buscando la calle Fabiola, ese es el que va obstaculizando el flujo natural». Sobre las vallas policiales que proliferan en las calles, admitió que en muchos puntos «ni tienen sentido y son hasta peligrosas porque crean tapones», y confirmó que se mantendrá la prohibición de sillas en los denominados «puntos rojos», como la calle Pureza, donde las hileras de asientos se convierten «en un auténtico peligro».
Respecto a la hostelería, Sanz se mostró tajante: «Se criminaliza en exceso a la hostelería», afirmó, y anunció su voluntad de «seguir suavizando y aligerando» las restricciones impuestas al sector.
El turismo y su impacto sobre la ciudad depararon uno de los momentos más informativos de la noche. Sanz defendió que Sevilla, con 3,7 millones de visitantes anuales y un patrimonio «único en España y uno de los más importantes de Europa», necesita «fórmulas de financiación extraordinaria», y fue rotundo: «Va a llegar el tema de la tasa turística sí o sí», con un ejemplo concreto: «Si cobramos 3 euros a cada visitante de fuera de Sevilla que quiere entrar en la Plaza de España a hacerse un selfi, estaría mucho mejor mantenida, mucho mejor vigilada y mucho más controlada», argumentó, citando el precedente de la Fontana de Trevi en Roma.
Preguntado por la capacidad de Sevilla para acoger grandes eventos, el alcalde evocó las palabras de Alejandro Rojas-Marcos ante la coincidencia de Expo, Semana Santa y Feria en 1992 y las hizo propias: «Es una ciudad que ha demostrado que tiene capacidad para organizar cualquier cosa, cualquier cosa. Y lo que venga».
La tertulia también reservó espacio para la emoción. Sanz recordó con la voz contenida aquel Martes Santo de 2020 en el que, siendo aún alcalde de Tomares, recorría las calles desiertas del municipio en su coche escuchando a Carlos Herrera en la radio. «A las nueve de la mañana puso la entrada de La Candelaria. Tomares desierto, una ciudad fantasma. Tuve que parar el coche porque me eché a llorar como si fuera un niño chico. No podía conducir de la emoción», relató ante el público.
Diálogos de Cuaresma volvió a confirmar por qué se ha convertido en una de las citas más esperadas de Tramos de Cuaresma en la Fundación Cajasol en Sevilla: un formato que desactiva los discursos ensayados y deja que emerja la persona detrás del cargo.
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