Una de las capitales europeas más importantes, Berlín, un público atento y una guitarra flamenca marcando el ritmo: así se vivió la presentación de Al-Andalus, la colección con la que la diseñadora sevillana Rocío Peralta desfiló en la Berlin Fashion Week 2026. Una cita respaldada y acompañada por la Fundación Cajasol se convirtió en una experiencia emocional única.

La presencia de Rocío Peralta en Berlín no fue un salto al vacío, sino un paso acompañado. La Fundación Cajasol participó de forma indirecta en la Berlin Fashion Week 2026 con un desfile de moda andaluza protagonizado por la diseñadora, en una acción organizada por la Oficina de Cultura y Ciencia y la Consejería de Turismo de la Embajada de España en Alemania, con la colaboración de la propia Fundación y Turismo de Andalucía. Ese apoyo resultó decisivo para situar la moda flamenca en un entorno de alta prescripción, donde se cruzan prensa especializada, creadores y agentes culturales.

A su vuelta, entrevistamos a Rocío Peralta, para quien el viaje empezó mucho antes de subir al escenario. «Lo primero que me hizo sentir diferente fue la energía de la ciudad», recuerda. Berlín le resultó una mezcla potente de historia y vanguardia, un lugar donde el contraste no incomoda, sino que estimula. «Sentí que era un lugar donde lo auténtico tiene espacio», añade. En ese contexto, Al-Andalus encontraba un terreno fértil: una colección concebida desde el mestizaje, el encuentro cultural y la memoria compartida.

La ilusión, sin embargo, viajaba con una inquietud. «Me hacía muchísima ilusión presentar nuestra cultura en un escenario tan contemporáneo, incluso transgresor y diverso», explica. Lo que más le preocupaba era la recepción: cómo podía leerse una propuesta profundamente arraigada a la tradición en una capital con códigos estéticos tan distintos. «Pero precisamente ahí estaba la magia», concluye, porque el sentido del reto era comprobar si la raíz podía dialogar con la vanguardia sin pedir disculpas.

El desfile se celebró en el Kühlhaus Berlin, un espacio emblemático de la capital alemana. Allí, Peralta presentó alrededor de cuarenta diseños de Al-Andalus, una propuesta destacada por su homenaje a la memoria árabe y a la historia de Andalucía, con una lectura contemporánea en volúmenes, patronaje y detalles de artesanía. La música en directo —a cargo del guitarrista José María Barrera— terminó de completar el puente: tradición sonora y mirada actual en un mismo pulso.

El respaldo de la Fundación Cajasol estuvo presente también en la dimensión institucional del encuentro. El presidente de la Fundación Cajasol, Antonio Pulido, se refirió al acto como un espacio en el que engrandecer los valores de la moda andaluza. «La creatividad, el talento, la perseverancia y la capacidad de innovación sin renunciar a las raíces tradicionales del traje de flamenca son los secretos de estos profesionales, que están poniendo de moda ya en todo el mundo nuestras raíces estéticas y nuestras señas de identidad», destacó.

Antes de que se encendieran las luces, llegó el momento del backstage. No hay romanticismo posible en ese territorio de costuras de última hora, cambios de orden y tensión silenciosa. Y, aun así, Peralta reconoce que ahí se decide la verdad del desfile. «Soy de las que mantienen la calma y están atentas a aportar cualquier solución», dice la diseñadora. La serenidad, en su caso, no es pose: es estrategia. Confiar en el trabajo previo y sostener al equipo para que el resultado salga entero, especialmente cuando se desfila fuera de casa y cualquier imprevisto pesa el doble. «Lo más valioso es el trabajo compartido y la emoción colectiva cuando todo sale como crees», resume.

Por su parte, Rocío contaba que la respuesta del público berlinés fue, para ella, una de las grandes revelaciones. Le sorprendió «su respeto y su curiosidad», esa manera de observar sin prisa y de querer entender qué hay detrás de cada prenda. «Sentí una escucha muy auténtica y profunda», concluye. No se trató sólo de aplausos: se trató de conexión. En una ciudad acostumbrada a propuestas arriesgadas, la moda flamenca no quedó como una pieza folclórica, sino como una forma distinta —y válida— de contemporaneidad.

De hecho, cuando se le pregunta si sintió contraste o diálogo con Berlín, Peralta lo tiene claro: «Lo viví como un diálogo». Su propuesta parte de la tradición, pero busca una lectura actual; y en un ecosistema creativo tan libre, el traje de flamenca no compite por parecerse a nada, sino por ofrecer algo irrepetible: una identidad estética que se reconoce de inmediato y que, al mismo tiempo, puede reinterpretarse.

El «fotograma» de la jornada llegó al final. «El momento del cierre del desfile, cuando todo el público se animó a bailar al son de la música», cuenta. Ahí supo que había traspasado la barrera cultural: cuando la emoción no necesita subtítulos. Ese instante de celebración compartida fue también la confirmación de que el trabajo había viajado bien, y de que Al-Andalus no se quedó en la anécdota, sino que se convirtió en experiencia. Y Berlín respondió con una ovación sostenida.

La propia diseñadora identifica qué fue lo que más conectó con el público berlinés: la historia que hay detrás. «‘Al-Andalus’ habla de mestizaje, de encuentro cultural, de historia compartida», explica, y señala que esa narrativa, unida a la potencia visual de los volúmenes y al carácter «exótico» de algunos elementos, abre una puerta a la expectación. En otras palabras: el traje de flamenca no llegó a Berlín sólo como silueta, sino como relato. Y eso permitió que el espectador «entrara» en la propuesta, aunque no compartiera el mismo marco cultural de origen.

Con la experiencia ya vivida, Peralta se queda con una certeza y un deseo. La certeza: «hay que perder el miedo a salir fuera». El deseo: «repetiría sin duda», porque entendió que la internacionalización no consiste en rebajar la identidad, sino en presentarla con ambición y cuidado. A esa lectura suma una defensa del papel de las instituciones y de este tipo de iniciativas: «La moda es cultura… es identidad». Acciones como la impulsada con la Fundación Cajasol, afirma, no enseñan únicamente prendas; muestran artesanía, historia y una forma de mirar que acerca y une.

La Fundación Cajasol quiso subrayar ese paso con una idea de fondo: la moda como patrimonio vivo y como industria cultural. Antonio Pulido acompañó a la diseñadora en la cita y defendió que la presencia en Berlín consolidaba la proyección internacional del sector, situándose en el circuito de referencia europeo; además, puso en valor la creatividad, el talento y la capacidad de innovar sin renunciar a las raíces tradicionales.

Ese enfoque conecta con la propia trayectoria de Peralta, que llegó a Berlín tras diecisiete años de trabajo. Para ella, el mayor aprendizaje fue simple y exigente: «perder el miedo a salir fuera». Y, a la vez, volver a casa con equilibrio. «Volver a Sevilla reconecta con la raíz», explica sobre el aterrizaje emocional: regresar no como vuelta atrás, sino como recordatorio de dónde nace todo.

La diseñadora lo expresa con una frase que suena a conclusión y a punto de partida: «Nuestra identidad es nuestra mayor fortaleza». Defiende que estas acciones son «fundamentales» porque la moda es cultura y «diplomacia silenciosa»: no sólo muestra prendas, sino historia, artesanía y forma de entender el mundo. Y cuando esa historia se cuenta con respaldo —como el que brindó la Fundación Cajasol— el impacto se multiplica: porque la creatividad no sólo se exhibe, se proyecta.

La participación de la Fundación en la Berlin Fashion Week se enmarca en su compromiso con el apoyo y la profesionalización del sector de la moda flamenca, mediante proyectos y colaboraciones orientadas a fortalecer a los diseñadores y ampliar su alcance. Berlín fue, esta vez, el escenario. Pero el mensaje que quedó es más amplio: la moda flamenca puede sentarse en la mesa internacional sin perder su acento, siempre que tenga una propuesta sólida… y aliados que la ayuden a cruzar fronteras.

Natalia Palomino

Revista Fundación. Nuestra razón de ser. Nº24